BREVE NOTA BIO-BIBLIOGRÁFICA
Ha participado en el taller de poesía de la Asociación de Escritores Hidalguenses, colaboró intensamente en la fundación de la sala de lectura “Ignacio Rodríguez Galván”, así como en la gaceta cultural “K’U’K”, difundida en Tizayuca.
Ha publicado en la revista universitaria de la UAEH, es fundadora y parte del consejo editorial de la revista cultural “ La escupidera”, en Pachuca, Hidalgo Actualmente labora en el museo interactivo “El rehilete”.
ANTIFAZ
Con un antifaz
te beso,
sin retirarlo de mi rostro,
decidí contemplarte.
Te observé devorando el aroma
de un madrugada,
y al beber el dulce
de sus senos ,
enviciaste tu aliento
del más exquisito vaho.
Yo,
muda,
efímera
como la mirada
que te desnuda en silencio;
tomo de tus labios el banquete
del cual
te he de despojar.
Ahora,
frente a tu desprecio
encaro el retorno
de un sueño,
que ignora la realidad.
En ese instante
te preguntas,
¿por qué no me he de quitar el antifaz?,
es cuando inclino
la mirada al infierno
y con voz
hinchada de bajeza
respondo:
“por que es mi ausencia,
que es la única
que a tu lado puede estar”.
ESPECTROS
Callado,
es el aroma del cielo,
cuando violeta
nace el amanecer.
quietas,
las montañas esperan,
el cadáver de la reina
que en la saya
han de guardar.
¿Quién es ella,
que con suspiros de hierro
entierran su cuerpo inerte
bajo el santuario de la luna?
es la noche,
que ha muerto sobre el lecho
de serpientes de cristal;
su espectro,
habita en el tabaco,
humo etéreo,
de cabeza mortecina,
bestia engendrada
por la tinta del poeta,
y el sollozo
de una sombra interfecta.
PARAÍSO
¿Cuán hostil puedes ser,
querido ángel?
desliza tus manos,
despacio
sin enredar tus garras
entre mis cabellos.
Derrama en mi pecho,
ese aroma extraño
que en tus alas nace
cuando estas enfermo.
¡Heme aquí,
tumbada en tu lecho!
besa mi cuerpo,
carcomido en fuego;
tómame
oculta
entre mis piernas.
El silencio
gime
cuando de sangre cubres
mi aposento.
Cansado de mi llanto,
descubres el velo
que a mi vista cubre;
eterna ironía
que consiente la vida:
bajo aquella tela
residía mi rostro,
cuya imagen,
de mujer era
antes de morir.
Ahora,
abrazado a mi restos,
cortesana del infierno,
por siempre he de ser..
CLAVEL
El sol,
fatigado de mirar el horizonte,
bajó en silencio,
fugaz
a los pies de de la tierra
sorprendido,
el viento contempló al sol
enamorarse de un clavel.
A la puerta del averno,
cantó infortunado
el emperador de la luz,
su amante era mudo
y el grito de su pasión,
soberbio
cual vestido
que adorna la belleza
en la oscuridad.
Cuán grande su sorpresa fue
cuando
gotas de sangre
de sus mejillas vio caer.
Mas, sangre no era,
eran lágrimas heridas,
cuyo rostro han pintado
del color
de aquella musa errante,
que convirtió una estrella
en lánguido espectro.
LA LOCURA ES HÚMEDA
Desnudo,
danza el mar en mi cabeza;
en medio de sus aguas,
se asoma un marinero
a punto de morir.
El cristal de su barco,
se empaña por su aliento,
suplicante,
efímero,
que ruega lo salve
de grandes olas.
Mi atención
es desviada
por gritos suaves
de una sirena,
hermosa mujer,
con brazos
de animal,
quizá de quimera;
que hace el amor,
con los hombres,
muertos
en las entrañas
de un mar perverso.
Pronto,
el infeliz tripulante
que indefenso gritaba,
en amante de esa dama
se convertirá,
cuya pasión enfermiza
manchará mi espalda
de caricias,
mezcladas con sal.
UN CAUSAL DORADO
Una tarde en sombra,
perdí un verso.
Fue entonces
cuando culpé a mis labios
por besarlo
con tanta ternura;
pues parezco
niña enamorada
del cobrizo
viento en primavera;
aquél que despeina
la cabeza helada
de las liviandades,
que,
penosas,
se enredan suavemente
entre mis muelas.
Poco después,
corrí trastornada
tras el hilo de mis venas,
pues la sangre era tanta,
tanta y tan ligera
como las lágrimas
que juzgaban mi dolor
por la triste partida
de un poeta,
empapado
del sudor
de una estrella.
Pero,
mis piernas eran cortas,
y la distancia,
infinita
Así que sólo enmudecí
ante aquella imagen,
donde mi verso era humo, y mis letras pena.
LUNATICOA
Guardo en mi lengua,
un caudal de secretos:
confieso,
dormitar en paredes,
con el más férvido deseo
de sepultar mis manos
en las piernas del cielo,
y beber infiernos
con el hombre muerto
que miro en el espejo;
sólo así,
la fantasía
dormida en mi cerebro,
dejará tranquila
la locura infame
que besa mis cabellos.
Del vientre de luna
ha nacido un veneno;
en forma de lluvia,
sedujo mis labios,
¡culpable no soy
de haberlo bebido!
pero,
mi alma es cruel
y mi aliento
poco para continuar:
crea mi relato
quien haya visto
cómo cantan las nubes
cuando empiezo a relatar.
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