BREVE NOTA BIO-BIBLIOGRÁFICA:
Sandra Mónica Rivera Sánchez nació en el Distrito Federal el 11 de abril de 1981, aunque ha vivido casi toda su vida en Pachuca Hidalgo, estudió la licenciatura en Psicología en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, es miembro activo de la Asociación de Escritores Hidalguenses desde hace seis años, lugar que le dio los elementos para iniciarse en el conocimiento de la poesía. Ha participado en talleres de Creación Literaria y Preceptiva, ha publicado parte de su obra en la revista cultural “El Malacate”.
Trabaja actualmente en el Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) en Tizayuca, Hidalgo, México.
POR LA NOCHE
Al caer la noche
el tiempo cesa.
Miradas caminan
se cruzan, divagan,
pasos sin sendero
encuentran huella.
Las manos hablan otro lenguaje.
Sentidos estáticos
emergen del eco,
al eterno gemido del amor.
El tiempo cesa de caminar,
caricia se vuelve el viento
la luna...
una aliada más
Al caer la noche.
SOLEDAD
Carece de sombra mi amante,
manos sin líneas
paso firme sin huella,
voz ausente de sonido.
En un suspiro me absorbe,
desvanece llagas.
Amante perfecta
salida de una vieja pluma
del grito que no se escucha,
sólo asfixia, lentamente mata.
Se ahoga la palabra
encerrada en un estruendo,
y la soledad
se permea en la madrugada,
con un respiro se anida,
su refugio, el centro de mi pecho
soledad infinita
amante entrañable
eco sin voz.
HISTORIA DE LA MALDAD
Como el aire quiso ser,
entre olas del cielo volar,
carecía de ligereza.
Su cuerpo,
capa amorfa de polvo sin sombra
torturó una fallida utopía,
ser el agua.
En sus entrañas
sólo tierra
sacada con sus manos,
entonces la eligió
firmeza no tenía.
El enojo de su mirada
carmesí,
similar al fuego
se diluía en si misma.
Perenne lamento
lánguido su eco
se extravió
antes de encontrarse.
Contagió al mar de su peste.
Trago bazofia del mundo terrenal.
Enmudeció la noche
robándole luz al firmamento.
La beatitud en su paso se extinguió
tras la vereda de la última montaña del mundo,
calló al vacío,
el aire destrozó su cuerpo,
el agua prefirió no tocarle,
la tierra expulso aquel cadáver
de sus entrañas,
y el fuego carcomió
sus últimas llagas.
Su voz se disipó,
buscando su camino,
aún el débil murmullo deambula
sin encontrar morada, ni huella.
DESEOS PREMORTUORIOS
Antes de morir
quiero mirar
como nace el rocío
y baña la madrugada.
Saber
¿Por qué la luna es blanca?
y caen de vez en cuando
como luceros los ángeles.
¿Por qué creemos en quien no existe?
y lo tornamos etéreo
nosotros mientras
nos nombramos
mundanos, efímeros.
¿Por qué añoro el añil?
de mis noches
de esta vida
del insomnio
que me devuelve al alba.
Y después de todo esto
cómo quisiera
atrapar en silencio
ésta nostalgia
que me lleva y trae
un viento mortuorio.
Este eco
voz del tintero
que se apaga
en esta página en blanco.
FOTOGRAFIA DE UN POEMA
Despierta
al suspiro de un lápiz,
al murmullo de una madrugada.
Hace del horizonte
páginas de un verso,
toma de mi voz néctar,
remienda heridas antiguas.
Nacen de mis manos
manchas de tinta.
Despierta
al suspiro de un lápiz,
al murmullo de una madrugada.
Hace del horizonte
páginas de un verso,
toma de mi voz néctar,
remienda heridas antiguas.
Nacen de mis manos
manchas de tinta.
Manchas de tinta,
sentir en párrafos,
voces formadas como niños.
Cuerpo sin figura
ni sexo.
Acaricia el alma
vuelve la noche una estrofa,
al viento un cisne,
aliada de mi mano.
Deambula en el tiempo
cada palabra connota su paso.
A veces parece asfixiarse
como si tragara sufrimiento
sus ojos palidecen,
tras páginas de un estruendo
culmina el quejido
desahuciada voz.
Entre las manos tuyas
retumba su eco
con el sonido de frases
seduce miradas.
Reconoce al desvalido
al amante
al perdido.
Su baile
como olas en el cielo.
Duerme
en el hueco que el alma deja
cuando vuela en el astral.
FINAL SIN RETORNO
Mustio aire
derriba el antaño;
trae entre sus pies
el caminar del viento mortecino.
No hay retorno
ni atajos en la vereda
el murmullo del silencio
te acompaña.
Se reconoce el sonido de su voz,
es como el latir del corazón
desvanecido lentamente.
Efímero instante
cargado del antes,
del vacío o viceversa.
Plegaria que retumba en tus manos.
Es la única certeza,
muerte
sombra eterna.
ESPASMOS DE MI CIUDAD
El mundo inerte,
desahuciado
retumba en el añil
su fallida agonía.
Lúgubres espasmos
de la ciudad
se anidan en sus calles.
Su respirar,
huele a tecnología
mezclado con smog
y un fétido olor a violencia.
En sus entrañas
almas errantes
en alcantarillas
buscan un hogar
extraviado en otra vida.
Bajo puentes peatonales
la herida siniestra,
olor a marihuana
cuerpos carcomidos.
Un niño ríe
tras el cristal del auto
mientras otro,
un payasito
pide limosna.
Amantes extraviados
reanudan su engaño.
Mi mundo
una paradoja
donde la mayoría
aspira la injusticia,
los prejuicios
y muy pocos
los de la alta;
¡A claro!
en mi mundo
los de arriba pisan,
los de abajo empujan,
son aplastados,
los de en medio nos quejamos.
Sólo una minoría,
no ve la enfermedad
que circula en el aire,
un cáncer en su piel,
la piel de mi ciudad
ha sido envenenada.
Yo, un ser humano
a veces moribundo
también acabado,
deambulo en sus manos
recorro sus líneas
a veces me lamento,
otras callo.
Hago de mi suspiro
el latir de su pecho,
soy un hombre mas
en esta ciudad,
impregnada a incienso
a soledad
escribo ecos
camino sin sendero,
escucho al quejoso,
palpo el dolor
de mi mundo cansado,
que pide fin, no retornos.
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