MARTHA MIRANDA GÓMEZ

PORTADA y CONTRAPORTADA de la ANTOLOGÍA
Voz de jaguar, vuelo de cóndor
CHILE/Región del Bío-Bío/Concepción: saludo inicial
MARÍA MAGDALENA BARGETTO
NIVIA BUSTOS BUSTOS
JORGE CID ALARCÓN
HUMBERTO ESTAY BERMÚDEZ
MARCIA FLANDES ALVAREZ
GUILLERMO GANGAS SILVA
ALICIA HERNÁNDEZ EMPARANZA
BEATRIZ MARTÍNEZ ROSSI
TULIO MENDOZA BELIO
RAMÓN RIQUELME ACEVEDO
México/Pachuca/Hidalgo: Saludo inicial
MARTHA MIRANDA GÓMEZ
ZENÓN RAFAEL TÉLLEZ JIMÉNEZ
FERNANDO CERÓN MARTÍNEZ
SANDRA MÓNICA RIVERA SÁNCHEZ
RAFAEL TIBURCIO GARCÍA
JORGE CASTILLO MARTÍNEZ
KAREN GUADALUPE HERNÁNDEZ GALICIA
DANIEL ÁNGELES TREJO
JOSÉ RAMÓN CORONA ARMENTA
CATALINA GUERRERO NÁJERA
ENRIQUE RAMÍREZ GONZÁLEZ
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Tú desapareces, como el señor del silencio,
yo quisiera echarte fuera de mi sueño
o dormirte en la memoria y escapar lejos,
de mi insomnio, de ese tiempo devastado
inanimado desde que penetro en mi cuerpo.
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BREVE NOTA BIO-BIBLIOGRÁFICA:


Martha Miranda Gómez nació un 29 de julio, en Tulancingo de Bravo, México sus padres Pedro Miranda Santos y María de la Luz Gómez García.
Ingresa a la Asociación de Escritores Hidalguenses en 1992 donde inicia sus primeros escritos.
En 1999 es nombrada coordinadora de talleres impartiendo ella misma creación literaria. Ha participado en talleres, de poesía, cuento, narrativa, redacción y periodismo de la misma asociación, así como también en la ciudad de México.
Sus escritos han sido publicados en los periódicos locales: El Sol de Hidalgo “Voz Viva”, “La Máquina”, “El Visor” ,“Osteoporosis” y en las Revistas “El Malacate” e “Hidalgente”. Ha sido jurado nacional y estatal en las disciplinas de oratoria y declamación, también ha impartido lecturas de literatura didáctica en los bachilleres del estado y próximamente saldrá a luz su poemario “Legión de lunas”, editado por la Universidad Autónoma del estado de Hidalgo.
Actualmente se desempeña como profesora de nivel primaria en una comunidad rural marginada.


UNA MÁS

Un día, un año, qué importa cuántos
cuando voy huyendo del tiempo,
y recorto tu imagen de los árboles,
de los silenciosos muros de mi cuarto
y permanezco, sin hambre, sin sed,
porque el café me sabe a nostalgia
el pan a recuerdos recién quemados.

Soy una más en este precario planeta
mis pasos escarban, buscan huellas,
atravieso las calles y creo estar muerta,
cruzo los brazos sobre mis senos
ya no te oigo, mis manos ya no sienten,
mis ojos se han desvelado esperándote
entre los limites de la vida y del sueño.

El rocío del alba me sorprende cavilando,
el desierto lo tengo dentro, me consume,
desnuda el alma, el cuerpo, los huesos…
Tú desapareces, como el señor del silencio,
yo quisiera echarte fuera de mi sueño
o dormirte en la memoria y escapar lejos,
de mi insomnio, de ese tiempo devastado
inanimado desde que penetro en mi cuerpo.



MUERTA

Estoy muerta mi cadáver lo vela la nostalgia,
la noche se pega en las ranuras del alma
ya no escucho la voz del viento en mis oídos,
ni siento el agua de la luna correr por mi falda,
ni bajar por mis piernas cual culebra enroscada.

Un búho reposa en el tejado de la casa
bebe y respira mi aliento moribundo,
con sus filosas garras abre el mar de mi cuerpo,
excava el sepulcro entre dos frágiles mundos
fatalmente separados por una pequeña luna.

Él aún acaricia el pálido contorno de mi silueta
como si lo acariciara la mansedumbre de una ola,
su penetrante mirada tropieza
con las paredes sudorosas
del vaho que enfermará mi espíritu.



ROMERÍA DE LUNAS

La soledad parió recuerdos
debajo de mi almohada;
la sombra sacra del amor
cayó cual flor marchita,
junto a mi destino decrépito,
lleno de miasmas.
Ahí… uno a uno
van muriendo mis sueños.

La oquedad de mis párpados
se llena de tristeza.
Romería de pequeñas lunas
amanecen sobre mi cuerpo,
anacrónicas máscaras
deforman las líneas de mi rostro.

El escenario está listo:
sale la verdad de mi lengua,
tras enloquecido silencio
brotó el fruto por ti renegado
que olvidaste al paso de los días.
En mí se derramó tu hastío,
en mis brazos crecen espinas
que hacen llagas a la nostalgia.

Después…
El telón cae con mis lágrimas;
desveladas sombras se despiden,
desaparecen con la fría madrugada
y el espectro de la muerte
sumergido en mi esqueleto.
Romería de lunas dentro del péndulo,
va mutando implacable las horas
oculta la resaca debajo de mi lengua
traga los años de mi obscura soledad.


AMBROSÍA

Te repites en mí…
lames el tiempo
que se detiene en mis senos,
miras desde el infierno que los enciende…
desde la humedad de mis ojos.

Te deslizas en la penumbra
de mi desnudo cuerpo
dividido en dos trozos
de luna menguante,
mitad de una cuando abres veredas
y hurgas mi oscura selva,
mitad tuyo cuando lo humedeces
y penetras como animal de fuego
apagando mi lujuria contenida,
más tuya que de la nostalgia,
o de la sed de orgasmos
derramados tantas veces en mi ser
los que devoraron mi ambrosía
en cada espasmo
hasta estallar en el coito
vencido por un par
de unicornios en celo.


DE MÁRMOL

Al amanecer sentí tu guadaña,
mis piernas inmóviles olvidaron
las calles que tragaban horas,
donde nacía la incertidumbre.
los ojos incrédulos paganos
justificaban mi cansancio,
el hueco de mi sepulcro
crecía en mis frágiles cabellos.
de mármol parecía mi cuerpo,
un pájaro herido sin libertad
quedó pegado a mi esqueleto,
debajo de mí reptaron sueños,
mis poros respiraron la tierra,
sombras esperaban mi entierro.

De pronto desperté del letargo,
del abismo que enfermó mi aliento
al cual había descendido mi alma,
de la espuma pueril surgió Eros
posó sus manos sobre mi cuerpo,
ahuyentó los cuervos de la noche
los gemidos del viento cesaron.

Sentí el dulce dolor de mis piernas
benditas espinas que se clavaron,
en mi carne antes inerte
y tu filosa guadaña desaparecía,
risa de ángeles bullían,
atravesaron cuevas, paredes mudas
de nuevo la puesta del sol en mi casa.



POE Y TU RECUERDO

He contenido en mis ojos
momentos de “Nunca, más”,
tu pecho cosido a mi espalda
y el poema de Allan Poe
estrujándonos el alma.

Sí, “Nunca, más” en mi sueño
me repetía tu voz de agua,
el cuervo avivó mi tristeza,
sus graznidos eran un canto
terriblemente doloroso,
trepidaba alrededor nuestro.

Mi andamio estaba hecho,
el tuyo aún era un yermo
tú esperarás a “Leonor”,
yo sólo podré soñarte
en aquella tarde poética,
cuando arrancaste de raíz
un crisantemo morado
y me lo dejaste en el alma,
posaste tus dedos en mis labios
y el verbo murió en mi garganta.

El cuervo, tú y yo callamos,
en esa soledad abismal
tardía respuesta “Nunca más”,
yo beberé el “dulce filtro”
aquel que me hará olvidar.



AL FILO DEL ABISMO

De soledad estoy muriéndome
veo deslizarse las horas yertas,
y mis recuerdos peregrinos
amontonándose en las nubes.

No sé si es su espectro el que me aguarda,
el chacal dibujado en un cigarrillo
su fétido aliento rasga mi entrañas,
círculos morados crecen en mis ojos.

Sola, bajo ese páramo lúgubre,
se arremolina el frío en mis huesos,
una luz moribunda cruza mi cerebro.

¡Mira! cómo cae la niebla,
de soledad estoy muriendo…
se posa en mis cabellos
persigna mi sombrío sendero.

Mi risa ha quedado muda;
los años comienzan a deshojarse
se desploman cual cadáveres,
sobre mis pies desnudos.

Los miro parecen retablos,
de un corto-metraje absurdo,
creados bajo un cielo desteñido.



TE VI LLEGAR

Te ví llegar, de aquella lejanía
que se avecinaba irremediable,
Inquieto, apenas preguntaste:
¿En qué solar dejé la sombra
y el relicario de mis sueños?
lloré, la noche ocultó mi llanto,
tú eras un océano silencioso,
yo, una impetuosa tormenta.
Así, nos empezamos a perder.

El amor envejeció en los ojos,
aunque mantenía encendido
el deseo en nuestra carne,
las caricias se oxidaban
a la soledad le crecían arrugas.

Te alejaste, recogí tu olvido,
llené mis manos de plegarias,
vestí de luto los recuerdos,
sepulté en la tierra mojada,
mi pudor que era tuyo
y el martirio que pertenecía
a mi corazón enmohecido.

Y mi sombra se esfumó,
en el humo de un cigarrillo
recién quemado en otra boca.
Voló en espirales densos,
se transformó,
en una noche ciega, sin luna.

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