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El viento gime
entre las rendijas del dolor
que serán estas ruinas.
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BREVE NOTA BIO-BIBLIOGRÁFICA:
Marcia Flandes Álvarez, nace en Temuco, un 16 de enero.
Participa en el Taller Literario “Artistas del Acero” en 1992.
Ingresa al Taller Literario “Mano de Obra” en 1994.
En diciembre de 1994, sus poemas aparecen publicados en la Revista Literaria “El beso silabeado en el cielo” y sus cuentos en el Folletín literario N° 2 de “Las revueltas literarias” de la Casa del Andalién.
En 1995, publica su libro de cuentos y poemas, “Llamado Subterráneo” (Letra Nueva).
Aparece en la Antología Mano de Obra (1984-1996), Letra Nueva.
En 1997, Ediciones Etcétera publica su tríptico “El Canto de las Imágenes”.
En 1998 la Revista literaria “Mano de Obra” N° 18, publica algunos de sus poemas.
En 1999, publica “El Principio del Verbo”, en Cuadernos del Sábado (Letra Nueva).
Ha publicado poemas y cuentos en la Revista Literaria “Mano de Obra” números 18, 29 y 20.
En el año 2003, aparece en el libro colectivo de la SECH-Concepción, titulado Todo está en pie (Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 2003).
Ha realizado múltiples actividades como gestora cultural. Actualmente es Secretaria de la Sociedad de Escritores de Chile, filial Concepción.
“EL MATADERO CARLOS CISTERNA" *
Se hace difícil respirar
tubos por nariz
venas
agujas
suero.
Ruedas que se deslizan
pasillos angostos
laberínticos
luz y siluetas.
La náusea reaparece
ahora en el rostro
de mi madre
un hilo de aire
cuelga sobre su cabeza.
Afuera
en las veredas
angostas
de Calama
casi no importa
hasta que...
Un sol morado navega entre las dunas suaves.
Todo se desvanece
apenas los sonidos
semejan palabras
pensamientos desarticulados.
La aflicción eterna
circunda
la cavidad craneana
de una triste mujer.
Un día su risa fue sonora.
Espero a los pies de este hospital oír los cascabeles.
Miércoles, 19 de enero, 2005, Calama.
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*Así es denominado el hospital de Calama.
NACIÓ PARA SOPORTAR
La necrosis
muerde
araña
sus pies y manos.
Alrededor giran
cuerpos agrietados
por este desierto escamoso.
Arpas nocturnas
anuncia en sus lamentos
la triste rotación.
No podemos ver
el azote invisible
de mariposas negras.
Apenas diminutos gigantes
soportamos en este rincón
del universo.
Paladines chocan
contra el vidrio
de sus ojos aprisionados.
Ella flota
en el sopor brumoso
de sus recuerdos.
A mi eterna y dolorosa madre.
Mi gran amor le acompañe siempre.
Domingo, 23 de enero, 2005., Calama.
SONIDOS DE ARENA Y COBRE
Veo cuerpos colgando
en los arenales distantes.
Sin oxígeno
cabizbajos
deambulan rostros
en penumbras
sobre el cemento
de Calama.
Alrededor
el desierto espera
al próximo visitante
para vaciar su desamparo.
No bastan las cervezas
para humedecer el polvo
de un sol persistente.
Ruidos de cobre
amortajan
a los habitantes fatuos
de una severa irrealidad.
El viento gime
entre las rendijas del dolor
que serán estas ruinas.
Sábado, 12 de febrero, 2005.
Chuquicamata.
LA BÓVEDA
De qué sirve
este puto oasis
en medio de la ausencia.
A diario
se resquebraja
el camino
de la piel.
De pronto
el planeta enmudece
ya no hay respuesta.
Las voces quedan
sepultadas
en este lugar.
Labios de nicho
nos rodean.
La pregunta vaga
entre velos
hasta encontrar
el motivo
de tan minúscula
forma existencial.
Dónde están esos brazos
que acunaron al mundo
antes de la expansión?
Dónde está la maldita fe
que nos hizo crecer?
El viento seco
nos sopla en la cara
hasta llagarnos
la respiración.
Lunes, 14 de febrero, 2005., Chuquicamata.
ESTÁ ESCRITO
Nacimos para dejar huellas
aunque éstas
sepultadas queden.
No podrán evitar
que la historia se levante
como una plegaria
al clamor del pensamiento.
Siempre hay alguien
que camina
los ya frecuentados pasos
hasta arribar
en lo imposible
de las que alumbran.
No sentimos miedo
de imaginar
una génesis.
Compartimos entre sílabas
con espectros inevitables.
Así vamos
inmortalizando
el destino
de las que saben
resucitar un apocalipsis.
Los faroles de la noche
no se comparan
con la hoguera del día.
Jueves, 17 de febrero, 2005., Chuquicamata.
DEBAJO DE UN PRESENTE
Dónde la cavidad
que nos ofrecemos
cuando arrecian
los latidos?
La palabra
se estremece
de tanto agobio
por carecer
de lo imprescindible.
Los cimientos
de la vergüenza
resbalan
por las vértebras
de la estupidez.
La hermosura del argumento
se diluye
toda la noche
en aguas
que conducen
a ningún lugar.
La fantasía de un holograma
yace en la puerta del holocausto.
Espantosamente
un niño busca
a quién dispararle
sus balas imaginarias.
Cerca del muro
un perro negro
afirma sus huesos
esperando que cese
su propia desdicha.
Equivocamos el rumbo
en esta órbita
que se dirige
donde la explosión del desborde
crea viejas constelaciones.
Viernes, 18 de febrero, 2005.
Chuquicamata.
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